«Ni tan joven, ni tan viejo», entonaba Joaquín Sabina.

El 46,79% de la población Española tiene mas de 45 años, suponen el 24,16% de los contratos registrados. Sin embargo, ¡representan el 49,71% (el 38,5% según la EPA) del total población en situación de desempleo!. Si ahondamos en las cifras, existe un riesgo real de exclusión social y económica entre parados de larga duración cuya edad esté comprendida entre 45 y 59 años.

Fuente: SEPE 2018

¿Es una cuestión de prejuicios por parte de los oferentes?, ¿de falta de reinvención y cualificación de los candidatos? o, ¿nos encontramos con jóvenes jefes que se sienten incómodos liderando a sus mayores?. Vaya Ud. a saber.

Como dijo Jack el Destripador: «vayamos por partes». En España, la media de edad roza los 44 años (somos carcas), lo cual ha obligado a retrasar la edad de jubilación hasta los 67 años a partir de 2027 (salvo que hayas cotizado al menos 36,9 años) para asegurar el sistema público de pensiones. Por tanto, ¡estamos de enhorabuena!, «los carcas» tenemos que trabajar unos cuantos años más para contribuir al bienestar general. Pero ¿de qué me van a contratar?, ¿de becario?…

Hoy en día, «necesitamos un diccionario de inglés (¡perdón!, quise decir: Google translator) para comprender qué cargo tiene el vecino y un curso de Habilidades Blandas (aquellas innatas no hace mucho) para interactuar con nuestros compañeros». Incluso se ofrece trabajo de ¿abrazador profesional? (pero eso no era gratis??).

Según La Vanguardia (y parte de la Sociedad), «se puede encasillar y prejuzgar» a las personas dependiendo del año en que han nacido.

Desde mi punto de vista este es el primero de los nuevos y grandes errores del mundo laboral. Afirmar que si has nacido en 1996 eres un irreverente (parece ser que ¡mola!) o, que si a día de hoy tienes 50 años estás obsesionado por la ambición (esto ¡no mola!), es del todo descabellado.

Y claro, puestos a encasillar, podremos decir que: las personas de mas de 45 años son dinosaurios analógicos irrecuperables y que, las generaciones de «frustrados e irreverentes» son los salvadores digitales del mundo 4.0 en el que vivimos.

Pues como alguien dijo: «no todo aquel que me mira puede verme, ni todo el que cree conocerme sabe quién soy».

«Si consultas el listado de Empresas de Nasdaq, comprobarás que el 75% de ellas no existían hace diez años». Los futuros empleos todavía no están definidos, se están gestando en la actualidad.

Vivimos en un Universo laboral en el que se demandan Ingenieros Aeronáutico trilingües para desempeñar funciones de Becario u Office Assistant para empresas «líderes en su sector» a cambio de salarios de administrativos (de 1ª, eso sí) y con contrato de obra y servicio. ¿Pero Ud. sabe lo que es un ingeniero Aeronáutico?, ¿acaso tiene previsto alunizar (alucinar ya lo hace) su empresa en uno de los anillos de Saturno?. ¡Seamos serios!.

Carreras Universitarias, años de experiencia, logros o trayectoria personal y profesional, han perdido valor según los gigantes de Silicon Valley. Y es que claro, das una patada a una piedra y encuentras doce Bill Gates, treinta Steve Jobs y cientos de Larry Page. Y es que, Universidad y Creatividad no se llevan bien. Pero entonces, ¿qué valor debo aportar?, pues: talento, habilidades, innovación, etc. Pero eso sí, olvídate si tienes 50 años, ya que al parecer, estos valores tan buscados se pierden a ciertas edades, o eso dicen…

Entonces, si los títulos no son determinantes, tu larga trayectoria profesional te posiciona como «obsoleto» y la cincuentena tiñe de negro tu currículum, ¿qué puedo hacer para encontrar un trabajo digno?: continúa enviando cientos de C.V. a ver si hay suerte o, actualiza tus conocimientos y habilidades o, emprende y lanza una Startup para contratar a las Generaciones Y, Z. En este último punto, «no olvides hacer competir a los candidatos que quieran trabajar en tu Startup haciéndoles beber alcohol y presionándoles para ver quién es el mejor y contratarlo», lo he visto en la peli La Red Social.

No olvides que los Baby Boom y la Generación X, a pesar de no ser nativos digitales, hemos sabido adaptarnos a la era digital y a las nuevas tecnologías, incluso hemos sido partícipes de su nacimiento y evolución.

«Yo, he visto cosas que vosotros no creeríais»…

En lo tecnológico, a mis 49 castañas, cada día me levanto y lo primero que hago es coger el iPhone para revisar mi Flipboard, cotillear WhatsApp, Facebook y el buzón de eMail, todo ello acompañado de un café tradicional al estilo «vintage».

Luego me siento en el iMac, conecto mis AirPods para escuchar algún Podcast mientras consulto mi Banca Online, cargo mi wearable Garmin Fenix para descargar actualizaciones, consulto LinkedIn y las ofertas de trabajo en los Portales de Empleo Online y me conecto al Master Online o, al Webinar, según dicte el calendario.

A medio día, reviso que todo esté correcto en los Sites que he creado con Wix y WordPress, la evolución del mercado de criptomonedas en eToro para ver si XRP levanta el vuelo y me conecto en remoto con TeamVewer o NoMachine para solucionar problemas informáticos de amigos o arreglar problemas en el salón de belleza de mi mujer.

Por la tarde, reviso Instagram, Facebook, Twitter, Fuorsquare, etc., míos o de la pelu, compruebo la evolución de Google My Business, Analytics y Ads para ver si todo está en orden o debemos hacer cambios para obtener mejores resultados y por qué no decirlo, aprovechar de vez en cuando para jugar alguna primitiva en la App de Loterías y Apuestas del Estado.

Y ya por la noche, el iPad entra en escena para acudir a la cita ineludible en familia con Q12, mantener el pique con mi cuñado en el Candy Crush y lo que se tercie. Luego, cuando todos huyen despavoridos, el MacBook Pro me traslada a un mundo de e-learning y me invita a continuar con la búsqueda del empleo soñado.

La verdad es que ¡envidio a los nativos digitales!, ellos sí que saben disfrutar del mundo 5.0 y no nosotros, «los carcas de obsolescencia programada».

Ser disruptivo, así como la tecnología, el conocimiento, las habilidades, la innovación y las oportunidades, no son patrimonio de las nuevas generaciones. Pero si convertirme en perfil 5.0 implica tener enviar un Whatsapp a mis hijos (sin interrumpir su partida al Warcraf, ¡Dios me libre!) para que me pasen el pan que está al otro lado de la mesa, prefiero ser analógico… como hasta ahora.

Antonio J. Casado

Opiniones desde el respeto

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